Tu nombre

Las cenizas no se queman. Son sólo eso, cenizas. Y de nada vale guardarlas entre las manos porque el aire decide llevárselas de un soplido.

Los viejos leen sentados en bancos el periódico y charlan. “Qué mal va el país, cuánta desgracia” son los comentarios más repetidos. Aquí como en Bogotá, Colonia o Moscú. Mientras miles de fuegos arrasan todo y los niños juegan ajenos a la soberbia de la vida moderna.

Cientos de datos, cifras y estadísticas en papeles y en boca de los todopoderosos. Dios callado, la Virgen inmóvil en los altares y los Santos presidiendo fiestas de pueblos colmados de borrachos. Sonrían para la foto, ésta es la evolución.

Volvamos a las cenizas, a los productos obtenidos tras la combustión. Hallemos la entropía de la reacción: nos da positiva, el desorden aumenta. Y después el aire sopla, y el poco orden que queda amontonado entre las manos se deshace en su trayecto hacia cualquier lugar.

Cualquier lugar, como éste, un despampanante olor a playa, calor y afrodisíacos. Entre dos mares plateros de sal. Las luces tenues iluminando débilmente los botones de la blusa de la bailarina encerrada en una caja de música. La luna flotando pomposa en el cielo. Todo lo demás ingrávido.

Te anhelo como Luís Cernuda afanaba el amor y el olvido. Estás en todas las canciones, entre acordes me robas a golpe de suspiro. Eres desesperante.

Sin embargo, ¿qué importa si todo se pone al revés? Si la luna baila en una caja y la bailarina flota pomposa en el cielo, si dejas la ventana abierta, qué importa.
Pero las luces tenues iluminan débilmente los botones de la blusa de la bailarina encerrada en una caja de música. Los viejos leen sus periódicos, miles de fuegos arrasan todo mientras los niños continúan ajenos a la soberbia de la vida moderna. Todo está en su sitio.

Y en un istmo encerrado entre dos mares, justamente aquí y ahora, se acerca un huracán que tartamudea tu nombre.

6 han dicho algo

Para tiempo de exámenes, me suena como una integral fantástica o como esa fórmula del caos, tan bella…

David
24 de Febrero de 2008 at 10:28 pm

Entre esos dos mares estamos siempre, yo creo que todos. Y ese NOMBRE con fuerza de huracán, seguramente será tan acogedor como la más cálida brisa del más hermoso día de primavera.

Rubén
25 de Febrero de 2008 at 1:15 am

Ahora sí, te has superado, y esta entrada es mi favorita sin lugar a dudas.
Quizá algún día descubra para ti un grupo que podría haber firmado esta entrada en una de sus canciones. Una de ellas dice:
¿Qué es la razón?
Cuentos chinos para niños del Japón
Dios por dios es cuatro…

Spender
26 de Febrero de 2008 at 10:06 pm

Vengo desde el lado rojo y negro de la mala,que ya me es habitual. Pero la buena hoy me ha cautivado. Nos veremos.

ÉonoÉ
27 de Febrero de 2008 at 10:04 pm

Me ha encantado tu post.

Algunas veces me gusta pensar que todo va al revés y me hace sonreír más que el verlo tal y como es

Un besitoo

Miriam
1 de Marzo de 2008 at 12:10 am

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nathan007
11 de Abril de 2008 at 8:16 am

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