Mucho más que todo

Me he vuelto a enamorar. Ha sido el momento más intenso de mi vida. Él estaba tocando la harmónica en una calle cualquiera y yo he dejado de sentir frío. Sólo mis oídos estaban vivos, y lentamente sus notas se iban deslizando por mi piel y adentrándose hasta hacerme una yaga.

Y un enjambre de acordes me mordía y me besaba hasta que no he podido más. No sabía por qué pero ya no tenía prisa. Aquello era mucho más que algo sublime. Era mucho más que todo.

Quién me iba a decir que la perfección se escondía en una esquina de Madrid. Con la soledad de unas notas que sollozaban desamparadas. Y que mis sentidos las atraparían sin querer para siempre.

Quise darle todo, sin embargo sólo pude darle lo que supe: una moneda y mi corazón enlatado en la sonrisa más grande que jamás haya mostrado.

6 han dicho algo

Yo ayer me enamoré de un violín cuando vagaba por el centro de Madrid…

Era un violín viejo y solitario. Y a pesar de estar rodeado por otros dos, éste estaba vivo. Quería dibujar las notas en la fría tarde y el viento le dejaba.

Era un arma de Hamelin. Consiguió su objetivo. Me hizo detener, y esperar su melodía. Algo me sujetaba al suelo en medio de una sensación agradable. Mis ojos buscaban una y otra vez su sonido. Mis oídos se dejaban mecer. Y yo ya no podía hacer nada, más que sonreír, sentir, disfrutar de uno de esos momentos que te regala el camino.

Aún lo recuerdo. Aún lo siento. Aún me hace sentir vivo.

http://elmundodediogenes.blogspot.com/

Diógenes...
27 de Diciembre de 2007 at 4:01 pm

La harmónica tiene algo mágico. A mi me conquistó cuando compré aquel vinilo viejísimo y no paré de escucharlo durante meses. Ahora adoro hacerla vibrar al compás de una guitarra y es un sonido que me sigue emocionando.

Spender
27 de Diciembre de 2007 at 10:56 pm

Cada tarde, cuando vuelvo del trabajo paso junto a un tipo que canta al son de la guitarra. Suelo ir cansado, algo atontadillo después de estar todo el día delante del ordenador o simplemente cabreado porque sí.

Y, a pesar de todo, cuando oigo los acordes de Sabina, de Silvio o de Antonio Vega, algo por dentro se enciende.

El caso es que, invariablemente, el resto del camino a casa lo hago silbando, tarareando o cantando a grito pelao (dependiendo de si me sé la letra y/o de cómo me mire la gente ;) ).

Un abrazo

isilrod
28 de Diciembre de 2007 at 12:21 am

Hola buena!
Llegue a ti a traves de la mala y te leo mucho
No sé que puedo decir sobre este post, porque me ha gustado mucho
Me recuerda a uno que escribi yo sobre un chico al que escuche cantar dulcemente y tocar su guitarra vieja en una de las calles de mi ciudad
Es increible como tú dices, que el frio se te vaya en un instante, porque una voz ajena te atrapa, y no sabes como salir

Un felicidades por este post
Un felicidades por estas fiestas
y un besito grande

LAURA
30 de Diciembre de 2007 at 12:50 pm

¡Qué bonito! ¡qué bien hecho! ¡qué bien contado!

Rubén
2 de Enero de 2008 at 12:34 am

Una historia impresionante; has intentando volver a pasar por esa esquina de Madrid?

Florie
3 de Enero de 2008 at 5:16 pm

Deja un comentario

Nombre (necesario)

email (no se publicará) (necesario)

Tu web