Toca el piano para mí. Acaricia los sonidos con la mano y los sopla con cuidado hasta mi oído. Sabe que este instante es mi vida, que el ahora es la eternidad.
Y juntos hemos decidido no decidir nada. Nos perdemos entre las cuerdas de un violín, ahogados por el néctar de una flor. Al instante cada segundo late al compás del parpadeo de unos ojos que se quieren mirar.
Yo le pregunto que si quiere venir conmigo. No contesta, nunca lo hace. A mí me invade la pena, a él la nada. Es entonces cuando el viento se queda ronco de tanto suspirar.
Así son nuestros momentos, infinitos. Donde empiezan también terminan, hay quien los atisba pero nadie los concibe. Eso es lo que somos, la pasión del sinsentido.
Como un día nublado, me caliento y me enfrío. La vida es el olvido de aquello que no nos hace falta.
Se queda con gesto serio y se esfuma. Aunque aún se respira en el ambiente el perfume a batalla.
Me aplaude y se esconde.
Se me cae encima el mundo entero. Vuelvo a la realidad.






7 han dicho algo
Hoy mi cama me susurró que era ya tarde demasiado pronto. Y lo peor (y últimamente me pasa demasiado a menudo) es que no recordaba nada de nada de lo que había soñado.
Menos mal que hay personitas por este mundo capaces de compartir sus sueños (para que los insomnes ocasionales le estamos eternamente agradecidos).
Un beso de buenos días, buena
10 de Septiembre de 2007 at 5:46 am
Es siempre un placer enorme que me comentes, de verdad. Da gusto compartir los sueños aquí, aunque yo tampoco suela dormir mucho.
10 de Septiembre de 2007 at 12:43 pm
Buena……solo se me ocurre decirte….
Que me emocionas……
10 de Septiembre de 2007 at 9:03 pm
increíble el escalofrío que me ha dejado estas palabras…
por cierto… “humana” es el mejor de los halagos, mil gracias
un beso!
10 de Septiembre de 2007 at 10:04 pm
buena, me gustaría comentarte/confesarte algo, pero no veo donde hacerlo, en privado, y no es una declaración de amor, tranquila por eso.
14 de Septiembre de 2007 at 11:44 am
Como padre de las dos criaturas, puedo prometer y prometo que son dos muchachas distintas, tanto que sus estilos son diferentes e inconfundibles. No sé cómo se puede pensar que son la misma persona. Es que son tan buenas las dos, pero tan diferentes que quizás se las confunda como a las caras de una moneda, con el día y la noche, con el yin y el yang, con el sol y la luna… pero son tan bellos todos los opuestos…
14 de Septiembre de 2007 at 10:35 pm
Ah, ahora no me cabe duda de ello. Ahora empiezo a atar cabos, aunque también podríamos atar sargentos, por atar… Interesante blog el suyo también, y el título de blog lo utilizo bastante. Gran frase la de Adolfo Suárez.
15 de Septiembre de 2007 at 1:23 pm
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