Ella juega con su pelo
de aquí a allá,
lo remueve, lo doma.
Mirando a las personas
que entonces estallan
de miedo.
Porque cuando el viento
la despeina
y no hay más remedio
que ponerse a jugar
con su pelo
el mundo tiembla.
Saben que no será
un día más
ni para ellos
ni para la del pelo.
Si ella pierde el consuelo
y se aliena,
si se le cae la vida al suelo
y se muere de pena
no habrá más viento.
Se acabará el juego
de mirar a las masas
y perderse aprendiendo.
Y no cantará más
a las flores de su terreno.
Ni las regará al compás
de la identidad de los sueños.
Esta entrada se escribió
el 24 de Septiembre de 2008 en Palabras más, palabras menos.
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Alguien comentó
De todos modos, nunca es un día más. Que lo sepas.
4 de Octubre de 2008 at 11:08 am
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