Hoy la Luna se acostó dolorida
porque después de la estampida
de besos
no quedaba más que una ternura
reticente en el oxígeno.
El punzante recuerdo que se va,
como la dañina picadura
de un escorpión del desierto.
No quedaba más que frío
y niebla y vaho.
Teniendo el trabajo acabado
no hay ya más opción
que construir una vez más,
antes de que fluya el rocío,
algo sobre la estrellita de la novedad.
Algo tierno y efímero
para que mañana en la noche
la Luna pueda volver a amar.
Esta entrada se escribió
el 4 de Octubre de 2008 en Palabras más, palabras menos.
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