Estoy convencida de que hoy no va a llover, ya que cuando era pequeña mi abuelo me enseñó a distinguir las nubes peligrosas de las mansas.
Y estar tan segura no me tranquiliza, sino que se convierte más bien en un terrible instrumento para sentirme cuerda. Tan cuerda que me hace olvidar los trasquilones que tengo en el pecho y las caídas que he experimentado hasta llegar aquí.
Creedme si cuento que mirando el cielo me siento sola y asustada, porque me encuentro realmente cómoda en la nada. En silencio estoy dispuesta a coserme las heridas con veneno y podría pasarme el resto de mi vida mirando las horas pasar.
Me gusta este lugar silencioso porque a veces, si he sido buena, un pájaro viene a verme y charlamos. Cuando estamos muy contentos incluso cantamos y bailamos al son del ruido lejano de la tempestad.
Y aquí continúo, esperando a que vuelva mi pájaro aunque sea por error. Y continúo esperando a que alguna respuesta asome, a que el cielo conteste, a que salga el sol.
Pd: Por cierto, quiero dar mil gracias a César por llevarnos a mi hermana y a mí a Red Babel en Radio 3 el sábado por la mañana. Ha sido una experiencia inolvidable y magnífica.






2 han dicho algo
Seguro que has sido buena, pero te advierto de que yo nunca he encontrado respuestas en el cielo. Siempre están en la línea del horizonte.
Besos
3 de Diciembre de 2007 at 12:34 pm
Hemos pensando en el abuelo juntas. Vivan los fenómenos meteorológicos y las oscuras golondrinas que volvieron.
4 de Diciembre de 2007 at 6:50 pm
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