En San Blas el chatarrero no perdona un sábado con su camioneta roída por el tiempo. Pasa, arrastrando los segundos con su grito saliendo disparado por ese altavoz que preside lo alto de su furgón.
Es cosa de las doce, una hora prudente para abrir los ojos y limpiarse las legañas. Salir del laberinto de las sábanas y enfrentarse a un día virgen.
Cuando Germán se asoma por el balcón ve ondeando la lencería de mercadillo de su vecina de enfrente. Sujeta por esas pinzas de plástico inerte, en unas cuerdas sumamente etéreas. Y la vida al fondo de la calle, asomándose sin timidez desde una calle principal, perpendicular al balcón. El tráfico se enmudece ante la evidencia de la hermosura de un violín haciendo flotar unas notas de Bach.
Debajo del balcón una pintada, un juicio moral, el imperativo del joven discordante: “Hay que follarse a las mentes”. Todas las historias que caminan bajo los pies de Germán cuando se asoma a respirar la mañana madrileña. Contaminada, entre otras muchas cosas, de esperanza.
La mirada atenta a lo que pueda pasar y a lo que nunca sucederá. Con el fin de buscar esa combinación de respuestas a todas las preguntas existentes que proporciona la verdad absoluta. Hay que vivir para contarlo, para aprender de cada error y subir a lo alto de un campanario a gritar que es posible tirar de un soplido esas pinzas. Romper la tensión, difuminar la energía del universo.
Es uno de esos días en que todo parece posible. Nada encaja en los planes ideados porque no es necesario. La corrupción se ha dormido al alba, junto al exceso de autoridad de las almas. El impío ve el paraíso mientras el cura de la iglesia del barrio cuelga un cartel de liquidación total por cierre.
Entran ganas de pensar que el mundo está loco. Pero cuando la locura termina convirtiéndose en una realidad las palabras se quedan cortas. Un coche pasa con las ventanillas bajadas y la radio a todo volumen, el locutor promulga que ha nacido el Mesías del siglo XXI. Su nombre es Libertad.
Germán suspira con profundidad y se vuelve a meter dentro de casa. Va a ponerse unas zapatillas para poder pisar la calle, bailar con Bach y acompasarse al ritmo del aire.







3 han dicho algo
Pues si esa es la salida, llamar a la locura cordura y viceversa, ponerse las zapatillas y salir a la calle, yo me apunto.
Besos.
16 de Marzo de 2008 at 11:43 am
Yo me apunto, siempre
Qué tendrá San Blas, he trabajado allí hasta hace poco.
18 de Marzo de 2008 at 8:52 pm
Me encantan los días en los qu todo parece posible. Si se llaman locura, entonces me encanta ser loca.
Un besitoo
21 de Marzo de 2008 at 7:02 pm
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