No entiendo cuando la sequía de tiempo me obliga a partirme en dos para llegar aquí y allá. Cuando mis pensamientos sólo giran en torno a reacciones de ácido-base, fechas, vectores y algún ensayo que he analizado exhaustivamente. Y sólo eso, y nada más.
Por las noches, en sueños, me persiguen mitocondrias gigantes que pretenden oxidarme. Entonces, al despertar, huele a neurona refrita a la que le falta un poco de paz.
Pero en ese momento, después del grito que acompaña al fin de la pesadilla, me encuentro acompañada por una impaciencia hirviente, me miro y estoy vestida únicamente con un collar de perlas violetas y unas gotitas de Channel nº5. Con Hendrix deleitando mis oídos y todas las letras que componen una novela de misterio centrifugándose en mi mente. Sueño con el atractivo asesino que se contonea en cada página, que estará más loco que Van Gogh, pero yo me lo imagino tan guapo. Lo que, mezclado con el intenso olor a incienso que se apodera del ambiente, alimenta mi afán de dar un saltito y colarme dentro del libro.
Y ahí es cuando pienso: ¿y ahora qué? Pues nada, supongo. Porque en realidad ni collar, ni Channel nº5, sino más bien pijama verde, osito de peluche y kilos de apuntes esparcidos por todos los rincones.
Estoy vacía, señores, vacía de creatividad. Espero que se me pase cuando termine los exámenes.











