Preguntas, ruegos, sugerencias

Si estás leyendo esto y alguna vez te has topado con mi introvertido a la par que controvertido blog, o sea, deprimente en el 80% de los casos, entonces, continúa leyendo. Si no, ¡eh!, ¡si es que no has seguido haciéndolo igualmente!, por lo que, estás intrigado. Pues bien, de eso va esta nueva película. Tiene otros personajes y se da cabida a situaciones a veces tan llenas de realidad que cuesta creérselas. Pura novela de intriga.

Mi intención es escribir una novela, intentarlo, o incluso hacerlo. Y bueno, publicarla aquí por capítulos. Es algo ambicioso y supone un reto para mí.

Os reto a leerla.

Saludos bonitos para todos.

La Buena de la Película

Cielos

La pregunta llega cuando todo lo demás se marcha, a las doce, hora española. Entonces las contraventanas chocan con fuerza contra los ladrillos de fuera y los árboles se agitan con una violencia extrema. La interrogación se prepara para abrirse en canal y la pelirroja le da una calada, se la fuma, se esfuma. La incógnita arde sin prisa y gira en mi cabeza; astilla mi corazón. ¿Por qué hay que acostumbrarse a vivir así? Yo reniego.

No me gustan esas dudas que entran sin llamar, con la mirada altiva. Las incontestables que logran deshacer la retina, inutilizar lo válido y volver el aire opaco. ¿Por qué hay que acostumbrarse a vivir así, con el por qué royendo el sentido? Si todos los ojos, desesperados, se detienen en el cielo reclamando una reacción al fluctuante egoísmo que los invade desde todos los frentes.

¿Por qué?

Porque el que está triste se siente en soledad, en fuera de juego, aunque no lo esté.

incógnita - creaciones Jawa

Al otro lado

Siempre que me decido a dar el paso y voy a cruzar la calle los semáforos se ponen en rojo. Las veletas se paran y no puedo, si quiera, dejarme llevar por el viento. Y me pregunto si la vida y yo estaremos condenadas a entendernos. O si en cambio las piezas que la conforman nunca dejarán de girar en sentido contrario entre sí. Me gustaría poder cubrirme de madera y ser un árbol, vestirme de fiesta y ser carnaval, cubrirme de escarcha y ser un iglú que dé cobijo a esos esquimales que se besaban, tímidos, cuando yo pensaba en Dorian Gray. Pero en lugar de eso me tocó sujetar una calavera en la mano y ser el Hamlet que nunca tuvo una muerte que vengar.

Aunque, pase lo que pase, hay algo que me empuja a cruzar, incluso en rojo, al otro lado de la calle. Intuyendo el lugar al que me encamino. Imaginando que quizás algún día me agradezca haber cambiado de rumbo. Y es que este cruce, pese a que suela hacerlo sin convicción, siempre me sirve para apegarme un poco más a los sueños. Porque hay algo más al otro lado, otros mensajes escritos en paredes y las miradas de otros apuntando a horizontes distintos. Creo que al otro lado quedan luces nuevas y vírgenes que perseguir hasta quemarse con ellas.

Y es que nunca sé de dónde vengo ni a dónde me dirijo. Pero si de algo estoy segura es de que todos debemos cruzar, al menos de vez en cuando, al otro lado. Tenemos que ser extranjeros, vivir otras vidas para sentir lo más solitario y llenar el saco de la curiosidad. ¿Quién sabe qué hay al otro lado?

Al cruzar siempre me encuentro con tu certeza, con mis dudas. Porque cuando respondo con un no sé, tú contraatacas con un ya sabes. Y me encanta.

Los versos tristes

Cuando me busco a mí misma
entre la cabeza y las faldas
siempre me quedo de espaldas,
mirando a la pared.
Entonces me gustaría saber
si andando a gatas,
como un bebé,
pudiera hallar los rastros
y comerme las migajas
de lo que quise ser.

No me queda nada,
ni tiempo, ni calma.

¿Quién soy?
La de pupilas opacas.
La que siempre tiene
los ojos cerrados,
el corazón trillado
y lleno de marcas.

No me queda nada.

Atomizando

Del inefable choque de las partículas surge la controversia, que hoy más que nunca se convierte en el personaje principal de la obra. Sobre tu piel queda, aún en tiempos difíciles, electricidad estática que consigue alborotarse tras la nota más melancólica del saxo que suena en directo cada noche para los viandantes de la calle Calamidad.

Retumba en mis retinas su asimetría y en mis oídos la frescura de su desentonado sonar. El reflejo de los espejos se ha largado y sólo quedan unas cenizas agotadas. Sólo quedan unas copas más y el saxo. Pero quién soy yo para juzgar a lo que se marcha por la otra acera con el goteo del tiempo. No quiero saberlo.

En la calle me sumerjo en la explosión de caras, andares, y escenas que, por uno u otro motivo, deberían formar parte de alguna película enigmática. Así como busco en lo más cotidiano la belleza y la excentricidad. En la calle uno puede ser y conocer. Uno tiene la oportunidad de de perderse entre la multitud. Pero para poder absorber cosas nuevas se deben tener los cinco sentidos a todo gas. Y pedir más madera, si fuera necesario, para deshacerse entre el medio.

Cuando se enfada la tormenta y la calle se sume en el caos. Paraguas, charcos, salpicones, truenos, rayos y gotas que caen como dardos endiablados. Eso es. Porque aquí cuando llueve, llueve de verdad. Entonces, ya no lo admiro sino que lo idolatro. El del saxo se sube a mi pedestal. Sigue tocando bajo el respiro que le ofrece un balcón sobresaliente de la fachada. Entonces la química me ronronea como un gatito. Me inspira. Y lo entiendo todo.

Hoy nos vamos de lunas

Hoy la Luna se acostó dolorida
porque después de la estampida
de besos
no quedaba más que una ternura
reticente en el oxígeno.
El punzante recuerdo que se va,
como la dañina picadura
de un escorpión del desierto.

No quedaba más que frío
y niebla y vaho.
Teniendo el trabajo acabado
no hay ya más opción
que construir una vez más,
antes de que fluya el rocío,
algo sobre la estrellita de la novedad.
Algo tierno y efímero
para que mañana en la noche
la Luna pueda volver a amar.

lunas - creaciones jawa

La del pelo

Ella juega con su pelo
de aquí a allá,
lo remueve, lo doma.
Mirando a las personas
que entonces estallan
de miedo.

Porque cuando el viento
la despeina
y no hay más remedio
que ponerse a jugar
con su pelo
el mundo tiembla.

Saben que no será
un día más
ni para ellos
ni para la del pelo.

Si ella pierde el consuelo
y se aliena,
si se le cae la vida al suelo
y se muere de pena
no habrá más viento.
Se acabará el juego
de mirar a las masas
y perderse aprendiendo.

Y no cantará más
a las flores de su terreno.
Ni las regará al compás
de la identidad de los sueños.

viento - creaciones-jawa

Los versos disueltos

Donde caminen tus pies
y jueguen y griten.
Vete allí porque serás
libre. Por definición.
Sin arremeter contra
los bichitos del suelo.
Descalzo, por fin andando
al son del Sol de mimbre,
al calor que hay en enero
si lo ves fuera de una mirada triste.

Pues allí no habrá un “pero”,
que valga.
Habrá flores y palmeras
que viajen en tu barca.

No habrá fuego que te queme,
no existe la desidia,
ni habrá en el centro de tu ser
una profunda charca hirviendo.

PD: El dibujo psicodélico de la oveja que tanto os sorprendió es el retrato que me hizo mi mejor amigo utilizando el Paint. Me encanta. Todos los dibujos que hay publicados en este blog son de él. Son la mitad de esta maravilla que es para mí este rincón. Este rincón y la compañía que me dáis .

Creaciones Jawa

En medio. A medias

No había nombre más común que el mío. No lo había. Por eso, porque es vulgar, en realidad me encanta, cuando me ayuda a pasar desapercibida. Cuanto más escarbo entre el gentío adolescente y universitario más me doy cuenta de que sigo estando fuera de onda. Pero nadie se da cuenta, aunque me agobie su ruido. Quizás sea culpa de que siempre estoy a caballo entre ser adulta y ser un proyecto defectuoso de la inocencia.

Y pido disculpas, por primera vez, pues es feo que siempre hable de los de mi entorno y de mí. Pero supongo que es lo más mío que tengo. Además, al fin y al cabo, hoy ha sido un mal día y no pasa nada. Aunque me falte la mitad de mí y los dos cuartos de mi persona que me quedan ahora estén en lucha interna. Mientras tanto, miro a lo que me rodea, al tumulto. Son iguales, en el fondo lo son. Todos. Pero tú, tú eres lo más distinto a todo que he encontrado. Lo más parecido a mí, y no estás.

Me llamo Cristina y yo soy La Buena de la Película. Quisiera hacer una petición a la gente que no es un bulto más en la masa. Al que sabe que es él o ella cuando piensa. Porque aquí hay alguien que está pisando el suelo de la revolución. Ese alguien me falta. Se fue, dejándome a la mitad. Abandonando mis dos cuartos de persona en guerra. Pero vendrá; cada vez queda menos. Y os ruego que cuidéis a vuestras mitades, porque cuando os rodee la muchedumbre y no esté la tuya sentirás que no existes. Cuidadlas. Queredlas.

Permitido estacionar

En el límite de las estaciones,
desintegrándose,
sumido en el fondo de los cajones,
acercándose al estado crítico
por los siglos de los siglos
que pasan como ladrones
robándonos con ciclos
nuestras raciones
de tiempo.

Los que me barren,
los que me amarren
no tendrán más penas
que llorar. Nunca.
Pero que no me quiten
el calorcito en la nuca
cuando tú allí resoples.

Que somos todos nobles
que sirven a la vida
y que se sirven de ella
para hacer un mundo de colores.

Y ahora que lo malo se pudre
en el fondo de los cajones
hecho un cristo
proclamo la revolución
del amor, de tu olvido