La vida nos guarda en dos tarros que se sientan paralelos. No se tocan, no se empujan y miran desde su balda el abismo. Nos llaman azúcar y sal.
La vida nos llena y nos vacía, nos deja caer cuando nos necesita. ¿Acaso no se da cuenta de que todo sería más sencillo si nos mezclara? Qué más le da, si sólo somos azúcar y sal.
-En exceso ella escuece y él empalaga- dicen los que creen saber todo. Pese a que nunca hayan mirado dentro de los botes de porcelana que nos guardan.
Pues sepan los que nos juzgan que no somos lo que está escrito en esos tarros. Sepan que somos lo que somos y también lo que soñamos. Sepan que sólo somos puros cuando la casualidad nos mezcla.
-A ellos no se les acelera el corazón, no sienten, no están vivos- dicen los que creen saber todo. Aunque jamás se hayan preguntado si ellos podrían vivir sin azúcar y sal. ¿Quién está más vivo entonces, el que vive o el que hace vivir?
Lo que digan o piensen, en realidad, no es trascendente. Cuando menos lo espero ellos nos miran y me mantengo impasible. Porque los amaneceres desde esta balda son inmensos, son nuestros. El sol sale para que podamos vernos como estamos, como somos, azúcar y sal.






4 han dicho algo
Hay momentos (muchos, para que negarlo) en que me gusta leer letras que palpitan. De esas que juegan a enroscarse, tortuosas, en cuadernos de hojas arrancadas sobre fondo rojo.
No obstante algo tiene este sitio, estas letras, que hacen sentirse sucia a la brisa que anda soplando esta tarde, tras el día de tormenta.
Y lo realmente maravilloso es que sueles acertar a publicarlas en el preciso instante en que cierta cara que conozco necesita, de algún modo, refrescarse en ellas.
Gracias por sacarle una sonrisa a un día raro ;).
17 de Septiembre de 2007 at 9:02 pm
Cuántas veces me he preguntado qué piensan mis libros cerrados, esos seres que padecen una especie de catalespsia hasta que alguien, por impuslo o por consejo, lo reabre para reavivarlos. Lo mismo les sucede a tus tarros, me parece. Muy bonito, Pichu.
17 de Septiembre de 2007 at 10:55 pm
¡Gracias a los dos! A partir de ahora no sé qué sandeces voy a empezar a escribir, pero mi profesor de Filosofía, que asimismo es mi tutor, quiere ser el padre espiritual de mi clase. No sé cómo va a terminar esto.
18 de Septiembre de 2007 at 9:01 pm
Buen post!
Vengo de visitar a la mala. Es la primera vez que las vistito a ambas. Son un buen dúo!
21 de Septiembre de 2007 at 5:00 pm
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