Lo impensable y enrevesado
del amanecer.
Los bucólicos ruiseñores
volando contra la corriente
que desprenden el Sol y Luna
bailando tango.
Y el horizonte, insumiso,
rapta sus cuerpos
lentamente.
Hacia el todo sustentado
por la nada, al filo de tus ojos.
El rey lagarto frota su piel
revestida de escamas
y delinea el horizonte
con los trazos que esbozan sus huellas.
Y vierte lágrimas saladas,
formando el punto de intersección
entre la alegría y la desgracia
de que hoy sea ayer.
Entre tanto quehacer
pasa el tiempo, sin querer,
y yo sentadita sobre el pliegue de mi falda
pensando en lo que siempre falta,
en lo que tanto duele,
mientras el día y la noche bailan.






