Vacía

No entiendo cuando la sequía de tiempo me obliga a partirme en dos para llegar aquí y allá. Cuando mis pensamientos sólo giran en torno a reacciones de ácido-base, fechas, vectores y algún ensayo que he analizado exhaustivamente. Y sólo eso, y nada más.

Por las noches, en sueños, me persiguen mitocondrias gigantes que pretenden oxidarme. Entonces, al despertar, huele a neurona refrita a la que le falta un poco de paz.

Pero en ese momento, después del grito que acompaña al fin de la pesadilla, me encuentro acompañada por una impaciencia hirviente, me miro y estoy vestida únicamente con un collar de perlas violetas y unas gotitas de Channel nº5. Con Hendrix deleitando mis oídos y todas las letras que componen una novela de misterio centrifugándose en mi mente. Sueño con el atractivo asesino que se contonea en cada página, que estará más loco que Van Gogh, pero yo me lo imagino tan guapo. Lo que, mezclado con el intenso olor a incienso que se apodera del ambiente, alimenta mi afán de dar un saltito y colarme dentro del libro.

Y ahí es cuando pienso: ¿y ahora qué? Pues nada, supongo. Porque en realidad ni collar, ni Channel nº5, sino más bien pijama verde, osito de peluche y kilos de apuntes esparcidos por todos los rincones.

Estoy vacía, señores, vacía de creatividad. Espero que se me pase cuando termine los exámenes.

Siempre

Siempre que es hoy
no tengo ganas
de confesar mis arrojos.
Ni hablar de queridos,
malentendidos,
o bosques frondosos
atravesados por carreteras.

Cuando el corazón aprieta,
y el pecho es una jaula
que encierra al deseo,
quiero la vida entera.

Quiero
todos los rayos de sol
en mi piel.
El olor de primavera
en mi nariz.
Quiero
la vida entera.

Sin más agujeros negros,
ni galaxias, ni estrellas.
Siempre que es hoy
lo que tienes es lo que quiero.

Quizás

El pez de escamas violetas
nunca pudo deshojar una flor
porque la corriente del río
carecía de tiempo para dejarlo
saltar a la orilla y su frío.

Allí donde las ardillas
saltan entre juncos
y tu corazón estúpido.
Allá donde nunca
reina el silencio.

Exactamente en ese lugar
me agota el constante fluir
del agua, de la nada
que se lleva todo.

Me extenúa tu mirada,
el paraíso y el infierno
dibujados en el retablo
de tu gesto.

Los labios del diablo,
el fuego. Mas si abro
los ojos al cielo
se difuminan los malos vientos.

Aquí me siento como el pez
de escamas violetas,
luchando contracorriente
por deshojar la utopía del nunca
y convertirla en un quizás.

Areté - Creaciones Jawa