Más allá de las rejas

Violín, viola, violonchelo
vibrando, cuerda a cuerda.
Así se descuelgan, disimulando,
las flores rusas que anhelo.

Para remontar el vuelo
sólo quiero quedarme aquí,
entre hoy y mañana.
Mi realidad de azulejo
mudéjar dorado al sol.

Soplan los vientos viejos
que vienen de Marte
y los cuentos terminan
en comedia griega de Plauto.

No somos nadie, nadie,
si nunca hay unos ojos
que nos miren.

No somos sino estepa,
y en el envés de las hojas
historias escritas que arden.
Las mariposas se elevan
frente a la combustión
de nuestras contiendas.

El mundo explota en pedazos
y sentimos que el calor
se expande. Y con él
nuestra alma enlatada
por las rejas del cuerpo.

Y ya desnuda, despojada
del sustento material,
vuela el alma. Vuela.

Saco de huesos - Creaciones Jawa

Despertar en San Blas

En San Blas el chatarrero no perdona un sábado con su camioneta roída por el tiempo. Pasa, arrastrando los segundos con su grito saliendo disparado por ese altavoz que preside lo alto de su furgón.

Es cosa de las doce, una hora prudente para abrir los ojos y limpiarse las legañas. Salir del laberinto de las sábanas y enfrentarse a un día virgen.

Cuando Germán se asoma por el balcón ve ondeando la lencería de mercadillo de su vecina de enfrente. Sujeta por esas pinzas de plástico inerte, en unas cuerdas sumamente etéreas. Y la vida al fondo de la calle, asomándose sin timidez desde una calle principal, perpendicular al balcón. El tráfico se enmudece ante la evidencia de la hermosura de un violín haciendo flotar unas notas de Bach.

Debajo del balcón una pintada, un juicio moral, el imperativo del joven discordante: “Hay que follarse a las mentes”. Todas las historias que caminan bajo los pies de Germán cuando se asoma a respirar la mañana madrileña. Contaminada, entre otras muchas cosas, de esperanza.

La mirada atenta a lo que pueda pasar y a lo que nunca sucederá. Con el fin de buscar esa combinación de respuestas a todas las preguntas existentes que proporciona la verdad absoluta. Hay que vivir para contarlo, para aprender de cada error y subir a lo alto de un campanario a gritar que es posible tirar de un soplido esas pinzas. Romper la tensión, difuminar la energía del universo.

Es uno de esos días en que todo parece posible. Nada encaja en los planes ideados porque no es necesario. La corrupción se ha dormido al alba, junto al exceso de autoridad de las almas. El impío ve el paraíso mientras el cura de la iglesia del barrio cuelga un cartel de liquidación total por cierre.

Entran ganas de pensar que el mundo está loco. Pero cuando la locura termina convirtiéndose en una realidad las palabras se quedan cortas. Un coche pasa con las ventanillas bajadas y la radio a todo volumen, el locutor promulga que ha nacido el Mesías del siglo XXI. Su nombre es Libertad.

Germán suspira con profundidad y se vuelve a meter dentro de casa. Va a ponerse unas zapatillas para poder pisar la calle, bailar con Bach y acompasarse al ritmo del aire.

Germán - Creaciones Jawa

Esquivar

Saltar de una nube al estanco
tras verte desde arriba
y comprar dos sellos
que nos lleven al mirador acolchado.

Mientras esté viva
que todo siga girando.
Y en el centro de la espiral
mi nube, el cielo.

Donde la única geometría posible
es la que dibujan mis ojos,
la que ocultan mis párpados
cuando duermo para que sea mañana.

Mañana, ¿quién sabe?
Dice el señor García Márquez
que todo se sabe.

Quisiera los ojos del águila
para adivinar el movimiento
de la hormiga en el suelo.
Para esquivar con mi vuelo
las nubes, el miedo.

Esencia

Pasó como suceden tantas cosas que te cambian la vida, es decir, por casualidad. Fue cuestión de azar que me dieran a mí el puesto de florista. Los había mucho más cualificados, con mayor experiencia y de tez menos sensible a los rayos de sol de mayo. Pero la vida es ese fuego que nunca se sabe cuándo va a descontrolarse. A veces el fuego es provocado, sin embargo en esta ocasión la madre naturaleza era la principal sospechosa de haberlo creado.

Aquella noche, hace dos años, me quedé jugando con las flores. Yo llevaba un collar de espinas orientadas a la piel que se tambaleaba sobre mi pecho. Decidí saltar de lo alto de un una flor bailarina al suelo, justamente cuando sus pétalos se encontraban en el balanceo más impetuoso. Parecía que iba a helarme de frío por haberme dejado vencer por la gravedad, cuando cinco segundos más tarde explotó el cielo. Allí estaba mi cuerpo, mi corazón latía con fuerza y mi mente se perdía en la inopia.

Y el collar de espinas orientadas a mi piel continuaba con su tambaleo. El cielo era fuego. Yo era un fiambre postrado en una montañita de piedras y el collar se movía por la fuerza del viento. Nueva Delhi tiene estas cosas de los vientos, las brisas y la magia

Deseaba profundamente estar a setenta por hora sobre el río Amazonas y no allí. O estar bajo la sombra de un molino de las tierras galopadas por Rocinante. Pero no, en la India psicodélica de los Beatles reposaba mi carne.

Salté porque amaba la adrenalina que inyectaba el miedo, el corazón en un puño, y después recordar la caída del Muro de Berlín. Quizás había después del después algo aún más metafísico.

Sí, lo había. Quedarme con el corazón en la mano y comenzar a balbucear esta historia hasta el final de los tiempos.

Recordar que nada es suficiente en primavera sin que su plumaje se despliegue. Su plumaje es de flores y estallidos de luz y color selvático. Su llegada sabe a besos y exprime las esencias.

Semilla

De la flor el tallo
para escribir en la arena
que aunque cortada
vida es la maleza.

Necesito, como agua de mayo,
esculpir el pensamiento
que se me despieza
en el aire, a mi aire.

Quédate quieto un instante,
toma asiento.
Estamos a punto de caer
del árbol que nos sustenta.
Hemos madurado.

Y mañana seremos domesticados
por la lluvia y el viento,
y por la avaricia que rompe el saco.

El cielo palidece.
Amanece y nos columpiamos
para caer abajo.
Para escribir en la arena
que ya caído el fruto
nuestra semilla es la vida
que bajo el árbol crece.

Creciendo - Creaciones Jawa