Siempre que viajo en metro me pregunto en qué estarán pensando esas caras con la mirada perdida que me acompañan en el vagón. Muchas de ellas están apagadas y eso me asusta muchÃsimo. No hay nada que me resulte más amenazante que el silencio corrupto por el chirriante sonido del tren en movimiento.
Quizás ellos también se estén preguntando en qué estoy pensando yo. Y la mitad de las veces no es nada serio o digno de ser contado, pero la otra mitad. ¡Ay ese resto de veces que viajo en metro! Si ustedes supieran… Pienso tanto que me parece que voy a estallar.
Hoy me ha pasado eso, lo de volver carcomida de tanto fundirme con mi conciencia. Pero también me ha sucedido lo de siempre cuando llego a casa. Me he encontrado con la chica que cada dÃa me presta sus ojos para tener una visión transversal de lo propio. Esa señorita que sólo tiene una cosa más bonita y grande que sus ojos, su corazón.
No sé qué serÃa de mà sin ella. Ni siquiera quiero planteármelo. Ella es mi hermana y créanme, es el mayor de mis tesoros.






