Café descafeinado

Ahora que los molinos se convierten en gigantes sé que la culpa no es de mis ojos, sino de mis oídos. Y no sabría explicar con exactitud qué es lo que me hace sentir así, en una ruleta. Girando entre las dos aguas que suman la consonante y la vocal, el sí y el no. Cuando el centro de la indeterminación es el lugar donde poso mis pies y mi cuerpo guarda con cautela el corazón.

Cuando el sonido se pierde por el infinito y no alcanza límite en el universo entero. Entonces no tengo miedo, aunque mi vida sin ti sea como un descafeinado. Entonces vuelvo a ser yo, y si no me equivoco soy feliz.

Amargamente feliz, claro. Pues este café tan sólo puede saberme amargo desde que se rompieron en pedazos los botes de azúcar y sal que acompañaban a todo lo que entraba por mis labios.

Cartas a Jael

Querida Jael, he leído todo lo que escribes sobre lo que el otoño te hace sentir. Y quería proporcionarte una perspectiva transversal de esta estación. Para ello voy a contarte lo que me sucedió en una ocasión:

Aquella era una tarde en que el calor que había concentrado dentro de mi hogar resultaba empalagoso. Abrí, decidido, la enorme cristalera que me comunicaba con el horizonte del mundo. Y en el exterior no se respiraba sino un aire congelado y nuevo; ni una sola porción de él estaba contaminado.

Yo, que no era fácil de impresionar, me hallaba extasiado y envuelto por la nube de hielo que se fundía con mi tez. Acababa de descubrir mi sensación preferida, asomar la cabeza por la ventana desde un azucarero que se derretía de tanto placer.

¿Acaso crees que existe algo mejor que sentirse un romántico del siglo diecinueve clamándole al cielo libertad? Eso significó para mí desde ese preciso momento sacar la mitad del cuerpo por la ventana para respirar el frío.

Quizás encuentre la manera de que me entiendas. Sin embargo sé que es complicado comprender que yo vivo del aire. Porque es lo único que me estabiliza cuando no está quieto. Porque lo noto enmarañando mi pelo y arrancándome el alma. A veces me siento tan vivo cuando eso pasa que termino por creerme un condenado a pena de muerte que se está escapando de Guantánamo.

Sinceramente, no le encuentro mejor uso al otoño que rociarme con su esencia cuando huele a caracoles y a incienso de niebla. Cuando amenaza tormenta pero parece que tras la reyerta saldrá el sol tímido.

Y te ruego que lo pruebes y que te empapes con su hiel. Y que grites si es necesario que tanta hermosura te hace agonizar.

Saludos no exentos del ansia de revolución de las almas,

Jeremías.

Mar

En el navío muchos se agotarán
de esperar a llegar a tierra firme.
Cuando lo único seguro es esperar,
la espera desespera y nos exprime.

En el barco el mar es el capitán,
cuyo único tesoro es el salitre.
El mar siempre es tristeza y libertad
cuando sus olas juegan al despiste.

Aquí guardamos el mar en caracolas,
y dentro de su espiral la desazón.
Su libertad se saborea a solas.

Y a solas una es presa de sus olas.
Y a solas me explota el corazón.
Soy agua de soledad que todo asola.