En mis páginas está escrita la historia, manipulada por los ideales e intereses de a quienes pertenezco. Tengo anuncios que tratan de vender aquello que ustedes no necesitan y la mitad de mis noticias sólo sirven para rellenarme. Pero tengo prestigio, no crean, algunos sólo con leer mis letras más grandes ya creen que saben todo lo que les concierne con respecto al mundo.
Sólo tengo interés durante un dÃa, aunque cientos de personas hayan trabajado por gestarme. Después de cuarenta y ocho horas mi existencia carece de sentido. Mi masa es prácticamente despreciable, puedo quemarme entero en tan sólo unos segundos y sin embargo mi peso en sus vidas es brutal.
Por si no lo han adivinado ya, termino con el misterio. Soy un periódico que podrÃa haber terminado en la basura, al igual que la mayorÃa de mis hermanos gemelos. En cambio alguien ha sabido darme otro uso, ha conseguido una razón para que mi existencia siga siendo perpetuada.
Fui creado por y para una sociedad consumista. Aunque paradójicamente la persona que me posee dejó de formar parte de esta sociedad hace tiempo, porque ese alguien está consumido. Ahora soy la almohada de un hombre que vive en la calle. Sujeto su cabeza extenuada de tanto pensar: paren el mundo que yo me bajo.
Y francamente, soy más útil ahora que antes. Soy más valioso y mi causa es más noble. Y quiero destacar que lo importante de todo esto no soy yo, sino mi dueño. Es por eso que ahora quiero compartir con ustedes algo que él el otro dÃa escribió sobre mÃ, su cuaderno de poemas, delirios y a veces esperanzas:
Lo nuestro era más de bebernos los encantos a golpe de beso.
Escribo sobre ella para mà aunque el frÃo me quiebre los dedos.
Ella es avalancha y alud, ella me mantiene preso.
Ella es la vida y ya no recuerdo quién me preguntó si querÃa jugar a morir denigrado en su tablero.